Encuentra como sanar con lo cotidiano

Manuel Jacquez

Reconoce que tu paz o bienestar no dependen de nadie ni de nada más que de ti mismo.


“-Maestro, ¿por qué siento ahora más dolor que antes?

-Será porque ahora elegiste la cura en lugar de la anestesia.”


A menudo reflexiono sobre la afición que tenemos por los espejos, es curioso pensar que si pones atención te toparás con más de un espejo en un día común. El que está en la habitación o el closet con el que cuidas tu arreglo, el que está en el baño, los del carro y de otros carros, las ventanas que curiosamente juegan ese rol sin ser su intención y si me pongo más reflexiva llego a la conclusión de que Instagram no es algo más que un gran espejo digital donde buscamos vernos perfectos, felices, realizados, acompañados… Y si algo no nos gusta, simplemente lo ajustamos, lo ignoramos o lo evitamos hasta que ya no tenemos más opción que voltear a verlo. Nos hemos enamorado de nuestro reflejo, pero hemos olvidado a nuestro ser.


Hay una canción de The Script, llamada “Six degrees of Separation” que ilustra de alguna manera nuestra forma de reaccionar cuando las cosas no marchan bien y dice que en nuestra desesperación por arreglar las cosas recurrimos desesperadamente a la hipnosis, al alcohol, las piedras, cristales o al tarot, básicamente a lo que sea, buscando que de alguna manera esas cosas sanen nuestra alma rápida y mágicamente; pero que no sanaremos hasta que no cerremos el ciclo.


Y cerrar el ciclo no es otra cosa que volver a vernos, no a esa imagen del espejo que creemos ser, sino a nuestra verdadera esencia. No se trata de buscar una solución milagrosa, no hay una receta que sirva para todo el mundo, ni una solución de 3 minutos que nos evite el dolor y el sufrimiento; sino aquellas cosas que nos hacen tomar responsabilidad de nuestra situación, y nos hacen regresar a nuestro centro, a ser optimistas, a encontrar alegría y motivación para seguir adelante. Así que aquí te presento mi top 5 de recomendaciones para encontrar estos recursos y volver a estar en paz.


1.   Reconoce que tu paz o bienestar no dependen de nadie ni de nada más que de ti mismo.

¿Eres de los que siente que felicidad depende de su pareja, sus hijos, sus mascotas, su trabajo, su casa o su carro? Pues respira y reflexiona por un minuto, y date cuenta de que si tu paz y felicidad no se derivan de cómo te sientes primero contigo mismo, entonces estás dando todo el poder de tu bienestar a situaciones y condiciones externas a ti. Por favor, reconoce que por muy bien que te hagan sentir, una persona o cosa, tu bienestar no debe depender de ello, sino que debe ser un complemento de lo que tu haz construido interiormente.

QUIERO APRENDER MÁS!

  • Acéptate, quiérete y perdónate TODO.

No cabe duda de que nosotros mismos somos nuestros más duros jueces. Desarrolla la habilidad de ser compasivo contigo mismo. Si no te gusta algo de tu cuerpo, de todos modos, reconoce todo lo que tu cuerpo hace por ti y agradece si tienes salud. ¿Cometiste un error? Déjate te machacar por él todo el día hasta el cansancio y reconoce que solo haces lo mejor que puedes, y que eso implica equivocarse. Date la oportunidad de no ser perfecto. Empieza a tratarte a ti mismo como a la persona más valiosa en tu vida.


  • Respeta el proceso

Perdiste algo, terminaste una relación, cambiaste de casa, empleo, etc., cualquiera que sea el cambio que esté operando en tu vida, reconoce cómo te hace sentir. Reconocer el sentimiento de tristeza ante una pérdida te permite vivir el duelo y sanar. Estás nervioso por empezar un nuevo trabajo o por vivir en un lugar nuevo; reconocer este sentimiento te permitirá hacer un plan de tus recursos y sentirte más seguro. No ignores lo que sientes, reconoce qué es lo que te roba la paz y te pone triste y vive cada etapa del proceso con la plena consciencia de que todo es temporal. 


  • Desarrolla una práctica espiritual

No importar si forma parte de una religión o no, desarrolla una práctica diaria que te permita estar en comunión con Dios, el Universo, el Amor o como quieras llamarlo. Busca espacios de silencio y autorreflexión, donde puedas entrar en contacto contigo mismo. Puedes empezar estando en completo silencio por unos minutos mientras respiras pausadamente. Prueba diversas técnicas, como meditar, orar, yoga, caminar o correr (pero prestando atención solo a los movimientos de tu cuerpo, y aquietando la mente); encuentra lo que funciona para ti y hazlo parte de tu vida.


  • Valora los micro-momentos de felicidad. 

La Dr. Barbara Fredrickson, pionera en el campo de la psicología positiva, hace hincapié en que las personas más resilientes son aquellas que desarrollan una práctica diaria de valorar los pequeños momentos que nos hacen vivir emociones positivas como alegría, felicidad, paz, satisfacción, gozo, etc. No esperes a tener un gran acontecimiento para dar gracias y valorar este pequeño instante en que sonreíste con un extraño, le diste un beso a esa persona amada, en el que saboreaste un platillo delicioso, viste tu película favorita o esas mañanas en las que no saliste a toda prisa hacia el trabajo o la escuela de los niños sintiendo que eras tú solo contra el mundo.  Haz un banco personal de pequeños momentos de felicidad que bien dicen por ahí que de grano en grano llena el buche la gallina .